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De la construcción de “Muerde ese fruto”

De la construcción de “Muerde ese fruto” , donde la visión del todo es una parte. Ha quedado atrás la idea, y la ambición también, de escribir un novela que contenga el universo completo de un personaje, de una época o de una idea.  Entendámonos, no se trataba de incluir todo en la novela, sino que todo aquello que tenía relación con la trama estuviese presente en el obra. Era, en verdad, un plan muy ambicioso.

02-mef-03_rast_def_port-1-e1470158936884 Cuando me puse a escribir Muerde ese fruto tenía claro que mi intento era mucho más realista, mucho más parcial. Es fácil advertir en nuestras vidas cómo se nos escurren de entre los dedos cuestiones que consideramos deberían estar en nuestro domino. No es así. Dominamos una parte solo de nuestra propia vida. Con esta concepción siempre presente Muerde ese fruto es una novela hecha de retazos, de escenas parciales, constatando que mucho de nuestro vivir cotidiano se extiende por regiones que quedan más allá de nuestra vista y vigilancia y cuyo filo rosso no siempre aflora y permanece evidente. Ampliar el radio de acción es lícito, no siempre deseable en sus conclusiones. O bien la opción contraria, restringirlo, resulta más satisfactoria, más real, más acorde con lo que podemos hacer. Cada personaje escoge, o no, una forma de gestionar el fenómeno. Es evidente que la novela es mucho más que esto, pero este es su fundamento estructural, su visión del todo. En el fondo es un paradoja que la visión del todo sea una parte.

Creo que si mi novela fuese un film podría ser este: Berlin: Symphony of a Great City.

Puedes verlo aquí y también puedes leer las primeras páginas de Muerde es fruto aquí (cortesia del editor, Tolstoievski Ediciones, podría decirse).

Publicado en Escritura Libro Narrativa

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