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La originalidad del texto: retos y consideraciones al escribir

Que enorme dificultad es ser original.

La originalidad de una historia se basa, grosso modo, en tres pilares: el tema, la trama y la forma.

En los siglos el hombre ha tocado todos los temas posibles; eso sí, no cabe duda, cada época ha elegido sus propios temas y ha elegido también la forma de contarlos. Hay una relación íntima entre las épocas y sus temas y las formas en que estos han sido contados, escritos, leídos, oídos, en definitiva recibidos, disfrutados, criticados y metabolizados en la cultura de su tiempo y en las posteriores (en cada tiempo a su modo y con el poso, consciente o no, de todo lo anterior). Y con todo la dificultad de hallar un tema original no mengua. Existen caminos en espiral, como tornillos sin fin, que recorremos. Aún cuando parece que nos encontramos con algo nuevo no es imposible ver como estamos dándole otra vuelta a un viejo tema, que desarrollamos un nuevo desvío si va bien. En cualquier caso, hoy no hablamos de los mismos temas de los que nos habló Homero, ni Stendhal aun reconociendo que también ellos nos hablaron de temas de hoy o que hoy también hablamos de temas de los ellos hablaron.

Cierto es que, con tanto precedente, no usarlos es fatal. No tenían durante el primer renacimiento esta idea de la autoría tan desarrollada y exclusiva que la modernidad ha terminado por sancionar legalmente y defenestrar culturalmente (de los sesenta en adelante). No subvierto nada, creo, con esta novela mía, pero no he podido prescindir de usar, que no adueñarme, algunas referencias y algunas palabras de otros. Creo que las citas en Muerde ese fruto indican un substrato. No son muchas y tampoco pocas. El lector se divertirá buscándolas, espero; doy una pista: en el primer capítulo hay tres citas.

El tema que he querido desarrollar en Muerde ese fruto es el de la elección.

Tema antiguo.

La elección es imposible de soslayar. Incluso cuando no hay elección es una elección (Safran Foer me asiste). Andrés, el protagonista de la novela, encarna esta voluntad de no elección solo para descubrir que no es posible. No nos queda más remedio que elegir: elegir no hacer, elegir hacer, elegir que otros elijan o no lo hagan, elegir el modo, el lugar y el momento. Elegir.

El espejismo de Andrés, el que he intentado describir, es el de la irresponsabilidad a causa de la no elección. Otra imposibilidad como le demostrarán los acontecimientos y Virginia, entre otros personajes.

Es evidente que no todo se reduce a este tema, porque la trama lleva implícitos otros muchos temas, menores o secundarios. No voy a desvelarlos.

Y la trama es otra cuestión que deja pocos espacios a la originalidad, al menos en términos absolutos en la mayor parte de los casos.

mosaic-1074672_1280.jpgUna trama lineal o una trama por espacios, qué será mejor. Una trama cosida por cada personaje o algo coral. Muerde ese fruto es, esa ha sido mi intención, algo que está a mitad de camino de cada una de estas posibilidades. En apariencia es lineal, siguiendo los pasos de Andrés, en realidad sigue también los pasos de cada personaje con los que se cruza, saltando de una vida a otra, de una narración a otra, de un punto de vista a otro. ¿Una trama musivaria? Quizá. Yo diría que es una trama urbana, parcial, humana, donde la totalidad (un viejo sueño narrativo, diría incluso ontológico) es imposible.

Tema y trama se entrelazan. No existe un modo único ni una posibilidad única de entrelazarlas. Hay sin embargo una elección del autor para contar la historia. Y hay también una relación entre trama, tema y soporte. Mi elección sobre como relacionar ambos aspectos se ha basado en el formato que iba a acoger la novela de forma preferencial.

Al final el tema ( la elección) predomina sobre la trama.

Publicado en Escritura Libro Narrativa

Un comentario

  1. […] Como puede apreciarse, son nudos a lo largo de la narración que no la interrumpen, pero que le dan nuevas posibles salidas o entradas, complementos narrativos. Compongo con esos nudos, con esta forma, esa estructura musivaria de la hablé en una entrada anterior. […]

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