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Si los libros contasen la verdad no se venderían

Si los libros contasen la verdad no se venderían

En algún sitio leí, no recuerdo donde, esta frase: si los libros contasen la verdad no se venderían.

Naturalmente el acento hay que ponerlo sobre la “falsedad” de la historia y no sobre el libro en si. Al menos yo leo esta frase en este modo: la parte de una historia que puede hacerte decidir por comprar un libro, es la parte de la historia que no es verdad pero tampoco es mentira.

Verosimilitud y expectativa

No va la cosa de verosimilitud o de horizontes de expectativa, o no del todo al menos. Lo que más me interesa es la afirmación, rotunda, de que el interés de la historia radica en la ficción entendida como separación de la verdad. Es interesante porque supone: uno, que existe una verdad objetiva, dos, que la verdad es una y tres, que el éxito de una historia reside en rechazar la realidad, o siendo magnánimos, en la curiosidad por lo falso, como distinto de lo verdadero y común, que nos anima a todos.

Esta claro que todo el realismo y el naturalismo quedan fuera. La cita, por fuerza de cosas, es moderna. No es posmoderna. Toda verdad subjetiva, toda superposición de verdades parciales, toda descomposición de la realidad en fragmentos (y por tanto el redimensionamiento de la verdad) no se contemplan en esta frase. Es algo de lo que ya hablé en mi entrada anterior (y me queda por abordar la forma del relato) a cerca de Muerde ese fruto.

Pesos

A mi no me interesa tanto la verdad cuanto el peso el de las verdades. Ya que al parecer no podemos salir del cuadro de las opiniones, con relativo cercenamiento de la dimensión del concepto de verdad, el peso de cada verdad es lo más interesante. Podemos dar el peso según sea su sanción social: cuánto más extendida y reconocida la verdad tanto mayor su peso, o buen podemos acordar un peso según esas verdad pueda describir con mayor precisión la realidad a la que se refiere. No quiere decirse que ambas medidas se excluyan, tampoco han de ser coincidentes. también cabe la posibilidad que la verdad no tenga peso alguno, viviendo como vivimos en la esfera de las opiniones, de lo subjetivo y de lo parcial.

Conclusiones mínimas

Este juego de pesos es parte de lo que describo en Muerde ese fruto. Un juego que tiene sus consecuencias, no obstante su intangibilidad, en la vida de los personajes de la novela que, al fin y al cabo, habla a su modo de la verdad, aunque esta no tenga nada de común o sea de lo cotidianamente verdadero (o como mucho no sea otra cosa que una versión posible).

Con o sin verdad en esta historia, espero que en el fondo la frase no sea cierta y el libro se venda lo mismo.

Publicado en Escritura literatura Narrativa

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