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Anne Frank en la literatura americana

Anne Frank
Anne Frank

Anne Frank en la literatura americana

Si en la literatura americana, estadounidense, Anne Frank es la imagen de la alteridad, en España ¿quien es la figura que se cela y planea sobre nuestras cabezas?

Es una de esas ocasiones en que un personaje del pasado genera una polémica agria. Esto ha ocurrido en Holanda a raíz de una iniciativa comercial. Tal iniciativa consiste en una compañía de entretenimiento cuya actividad se centra en colocar un sujeto en un espacio cerrado del cual debe salir usando las claves ocultas en el mismo ambiente. Divertido e inocuo, a mitad entre Sherlock Holmes y adivina adivinanza. Divertido e inocuo hasta que el espacio propuesto no es la buhardilla de Anne Frank. La contestación, la repulsa y la protesta no se han hecho esperar.

Es un incidente que me ha hecho pensar en varias cosas que han llevado a escribir estas pocas líneas. Una como la comercialización de la experiencia humana desdibuja su trascendencia y como nos hemos acostumbrado a ello. Cualquier mercificación la vemos hoy no ya como posible, sino como natural, una vertiente más de la experiencia, por indeseable que en si sea esta. Otra es cómo Anne Frank se ha convertido en un icono del Holocausto.

Es cierto que esto ha ocurrido en la comunidad judía americana donde escritores judíos, practicantes en algún grado o en ninguno, han retomado su figura para expresar preguntas latentes en la comunidad. La tercera cosa que me ha llevado a pensar es cómo Anne Frank, sin embargo, está ausente de la narrativa Europea; que yo recuerde la presencia de ella, de su figura en la literatura en España, es 0 patatero.

Los motivos para son muchos y variados: por ejemplo que la comunidad judía española no ha reaccionado en modo diferente a las restantes comunidades europeas a la epopeya y la mistificación de Anne Frank; que la alteridad representada por Anne Frank se ha polarizado sobre cuestiones ideológicas a lo largo de cuarenta años, con la necesidad consiguiente de una historización de la memoria que funda la alteridad; por último que Anne Frank es, a pesar de todo, una gran desconocida en esta piel de toro.

Anne Frank no ha desaparecido

Cierto pues, no para todos Anne Frank ha desaparecido. La literatura estadounidense si ha tratado Anne Frank como personaje que encierra la cuestión principal para la literatura judía, no yiddish, estadounidense, y que me parece es muy actual hoy: la relación de alteridad de la comunidad judía americana con la sociedad circunstante; basta pensar en la trama de la última novela de Safran Foer, Aquí estoy. La diferencia, en algún modo explicada más arriba, con las comunidades europeas es que Anne Frank es en esa comunidad un interrogante resuelto en Europa de forma directa por parte de los supervivientes.

A saber: ¿por qué nos hemos salvado? ¿lo hemos merecido? ¿qué podíamos hacer y no hicimos? Son preguntas recurrentes en, al menos, tres obras distintas con casi 40 años de distancia: The Ghost Writer, Ph. Roth (1979), What We Talk About When We Talk About Anne Frank, N. Englander (2012) y Hope: A Tragedy, Sh. Auslander (2012); no es una casualidad que el New York Times también las reuna en el momento de reseñar la última citada.

Tres obras y sus diferencias

La novedad en estas tres obras, muy distantes entre si, es que se plantean una pregunta. ¿y si Anne Frank estuviese viva? La cuestión de fondo entonces sería ¿cual es nuestra identidad si una parte fundamental no fuese cierta?, ¿seríamos diferentes a como somos?, ¿tendría derecho un muerto del Holocausto a seguir viviendo a costa de nuestra identidad?, ¿podemos definirnos sin necesidad de Anne Frank?, ¿qué esperanza podemos abrazar?

Me parece que para la comunidad americana la distancia del evento trágico, distancia geográfica y emocional, es el motor de la identificación que se además de lo mencionado se incrementa por factores como la juventud de la protagonista, la inmediatez a la conclusión de los eventos y el impacto mediático que tuvo. Para quienes en la comunidad no tenían un lazo familiar con los desaparecidos en los campos de concentración, Anne Frank representaba el vínculo emocional.

Ahondando

Otros aspectos, no indiferentes en estas tres obras, son las dicotomías esperanza/realidad, vida pública/reclusión y la oscilación entre lo admisible para el individuo y lo admisible para una sociedad distinta. Puede alegarse que son cuestiones universales, lo son. La diferencia acaso es la percepción de la propia diferencia, pásenme la reiteración, por la sociedad en base a una oscilación casi periódica entre rechazo y persecución y aceptación y admiración.

Cómo regularse ante esta incertidumbre es la pregunta a la que Anne Frank, reclusa visible (pues en Roth vive en medio a la gente ocultado su identidad) o invisible (en Auslander permanece autoreclusa presa de una inmane obra literaria, e) o, quizá peor, ausente pero fluctuante sobre nuestras cabezas, pues jamás podremos estar a la altura de las circunstancias como estuvo Anne Frank (en Englander) debería ayudar a responder. En otras palabras Anne Frank es la medida de la alteridad con la que se confronta la comunidad judía americana. Y no hay respuestas fáciles, pero en las preguntas está el mérito.

Conclusiones mínimas

Cierro esta breve reflexión, (ahorro al lector inútiles y vastísimas referencias bibliográficas que no tendrían ni cabida ni sentido en estas líneas, añadiendo sólo unas breves referencias finales), inquiriéndome sobre quien es nuestra particular Anne Frank, porque nosotros tenemos nuestras propias alteridades no resueltas y quizá vaya siendo hora de ponerlas en perspectiva, de darles otro aire y preguntarnos finalmente, ¿quien es la figura que se cela y planea sobre nuestras cabezas?

Para satisfaces insoportables curiosidades (y Englander me perdonarña la alusión):

The Guardian – review of books: Hope: a tragedy

The Guardian – review of books: What We Talk About When We Talk About Anne Frank, N. Englander

Jewish Journal: What We Talk About When We Talk About Anne Frank, N. Englander

The New York Times: The Ghost Writer, Ph. Roth

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