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Los secretos de Ciudad

Los secretos de Ciudad

Si hay algo que al parecer intriga a los lectores de Muerde ese fruto es el lugar en que se desarrolla la acción: Ciudad.

Ya se ha dicho que Ciudad no existe: por ejemplo aquí. Y es verdad. Ciudad se sitúa en esa tradición de territorios imaginarios o imaginados que inició la historiografía griega, que continuó en los libros de caballerías (¿repasamos los lugares del Amadís de Gaula, por ejemplo?) y que siguió coleando en el Macondo de García Márquez. No es que yo quiera ponerme a la altura de los citados, es que me pongo en cola.

Los secretos de Ciudad
Los secretos de Ciudad

Dos preguntas sobre Ciudad

Todo esto pone sobre la mesa al menos 2 preguntas. A saber. ¿Por qué elegir una ciudad inexistente como marco de la acción? ¿Por qué elegir el espacio urbano como escenario?

¿Por qué elegir el espacio urbano como escenario?

Empecemos por la última. Es ya tradición literaria que la ciudad sea el marco de referencia de la acción, porque ya no somos un civilización agraria, sino urbana: más de la mitad de los habitantes del planeta vive en ciudades. Es en la ciudad donde reconocemos las relaciones humanas, de poder, con el poder, con lo mejor y con lo peros de nosotros mismos y de nuestra sociedad. La ciudad es el espacio de la modernidad e incluso de la posmodernidad.

Ciudad fragmentada

Otro factor esencial es el de la fragmentación de la experiencia humana, del conocimiento, de las relaciones. Si, como dije en otra entrada, Andrés se enfrenta a pedazos de vida, fragmentos de realidad que son diferentes según el narrador, es porque Ciudad es el espacio urbano real: un espacio roto, fragmentado, donde es imposible saber todo lo que ocurre, ver todo lo que pasa, estar al tanto de cada cosa; todo es tanto en una ciudad que lo que está al alcance es solo un fragmento, con frecuencia desligado de otros, al menos en apariencia, o cuyos vínculos se rompen y reconstruyen quien sabe en que modo. Un lugar imprevisible bajo cierto punto de vista y a la vez un espacio donde cuesta que lo imprevisto sorprenda.

Por otro lado, ninguna ciudad es solo una. Cualquier ciudad tiene varios centros, según sean sus habitantes, su forma, su historia: el centro de los turistas, el centro de los barrios populares, el centro de las zonas bienestantes, el centro económico, el centro comercial. Ninguno coincide totalmente con los otros, acaso se solapan, todos coexisten a la vez. ¿Es necesario insistir más en que vivimos en un espacio complejo, multiforme, de múltiples niveles?

No es menos determinante que muchos lectores sean urbanitas y que quien escriba haya, al final, vivido en ciudades. Si la experiencia de Andrés solo podía vivirse en una ciudad, la experiencia del autor es urbana: marco ficcional y marco real coinciden por partida doble.

Muerde ese fruto solo es posible hoy y mañana (no un mañana muy lejano, porque quien sabe qué pasará), en una vida urbana, cuanto más urbana mejor, lo cual no quiere decir que Ciudad sea necesariamente grande.

¿Por qué elegir una ciudad inexistente como marco de la acción?

Sencillo. Si era necesario que la ciudad fuese el espacio de la acción de la novela, no era imprescindible que todo ocurriese en una ciudad existente. La posibilidad de crear una espacio creíble y real, pero inexistente, me dejaba las manos libres para modelar este espacio no solo según mi propio gusto, sino también según las necesidades de la novela. Recrear en un espacio inventado las dinámicas de una ciudad me permitía colocar en ella todas las experiencias urbanas, propias y ajenas, capaces de dibujar un entorno único, creíble, con características fuertes y autónomas. En efecto, Ciudad es todas las ciudades en una sola.

Una ventaja accesoria de haber inventado Ciudad es que me permite una constante exploración, una acumulación de nuevos escenarios según sea el nivel en que se mueve el personaje. Ciudad nunca está del todo definida porque no lo necesita. Debe crecer. Debe cambiar, debe poder ofrecer un espacio nuevo a cada necesidad de la narración presente o futura y al tiempo debe ofrece niveles y espacios suficientes para que cada estrato conviva con los demás y sea autónomo. Debe poder darme libertad de cambiarla, añadirle detalles, de cambiarle enfoque. En definitiva, Ciudad debe crecer y adquirir sus características distintivas y siempre universales. Ciudad no necesita un mapa. Ciudad es un desafío narrativo.

Ciudad (in)existente

Una ciudad existente limitaría todo esto con la confrontación de la realidad. Ciudad es inexistente, pero es un espacio real y auténtico. Si Ciudad fuese una ciudad existente, por otro lado, debería no solo echar cuentas con el espacio físico real en que se mueve el personaje, sino también con la concreta realidad y con sus habitantes. Yo no quiero que nadie pueda identificar este espacio, quiero que todos se identifiquen es este espacio. Limitar o eliminar la localización es necesario entonces.

Necesario además para que nadie se sienta herido: “mi ciudad no es así”, “esto no pasa en mi ciudad”, “se está exagerando con lo malo de esta ciudad pero no se dice nada de lo bueno”, “es que los de ahí son así, como dice la novela”. Nada de eso está entre mis objetivos. Mi objetivo es que todos los que viven en una ciudad acepten la neutral e inexistente Ciudad como una imagen posible de su ciudad, de todas las ciudades. Ciudad no existe, pero es real. Sólo así, creo, puede entenderse del todo la novela, dejando a parte todo chovinismo.

Conclusiones mínimas

A quien haya visto una ciudad concreta en Ciudad he de decirle “lo siento, no”. Pero también “Sí, algo hay”. La invención de una urbe sobre las cenizas de todas las urbes no solo hace posible una identificación con lo que ocurre o ha ocurrido en ellas, también hace posible que la misma parte narrativa evoque ciudades diferentes, ninguna acertada, todas correctas. Es la magia de Ciudad.

Publicado en Libro literatura Narrativa

3 comentarios

  1. […] Vuelvo a escribir sobre Ciudad cuando ya he terminado una segunda novela (no desvelo más) cuyo marco de relaciones es justamente Ciudad; mientras espero que se publique, en el sentido de esperanza y no de espera, tengo para mi el título. Retomo la cuestión Ciudad porque a medida que crece su presencia y se desarrolla como espacio, siento que es necesario definir mejor que es Ciudad (abundando y perfeccionando lo dicho en una entrada anterior, esta). […]

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