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Editores al asalto: crónica pasada y futura del Salone Internazionale del Libro de Turín

El pasado jueves inició la trigésima edición del Salone Internazionale del Libro de Torino, una edición que debía nacer bajo inciertos auspicios tras la decisión de los grandes grupos editoriales italianos de abandonar el Salone para crea su propia feria.

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La génesis de la rotura hay que buscarla en la concentración de la edición italiana en Milán, sede de los grandes grupos editoriales, que prefería realizar una feria del libro en casa, con comodidad. Milán es además la gran capital del norte de Italia, la sede financiera del país, un centro de atracción más que metropolitana, de hecho de una vasta área que comprende al menos 4 regiones: Lombardía, Valle de Aosta, Liguria y Piemonte. La controversia del Salone del Libro pues se inscribe no solo en un acto de potencia sectorial, del libro, sino en una dinámica de centralización de actividades económicas en torno a Milán, que fagocita ciudades carentes de auténticos polos feriales, como Turín. Las actividades y los eventos culturales son hoy una forma económica que moviliza no solo a los profesionales sino también a consistentes cantidades de turistas, el Salone queda inscrito en un área de fuerte interés y el pulso entre realidades metropolitanas como Milán y Turín se acentúa.

Si el Salone como feria del libro es un contencioso regional y también lo es dentro del mundo de la edición.

Como en cualquier sector los grupos dominantes pretenden crearse las condiciones máxima comodidad y mínimo dispendio a costa de quien sea. La servitud de la AIE (Associazione Italiana Editori) a los grandes grupos, cosa que no puede sorprendernos en España. Se manifestó en el apoyo a la idea de la celebración de una feria del libro en Milán que en el la intención original desarticulaba el evento turinés. El hastío de los pequeños editores hacia este tipo de apropiación es comprensible y el resultado fue el de una neta separación: un grupo de pequeños y medianos editores abandonó la AIE, dejando aún más clara la polarización institucional y de orientación. El Salone del Libro se convirtió así en una barricada conceptual. Esta resistencia de una parte del mundo de la edición italiana, que ya se había sacudido con la fundación de la editorial La Nave de Teseo como expresión de resistencia a los grandes grupos editoriales, encontró terreno abonado en parte de las instituciones, alguna un tanto reticente, deseosas de frenar la expansión omnivora lombarda: tibia la posición del actual gobierno local que en más de una ocasión ha parecido ir a remolque, no obstante su papel determinante en la fundación que dirige el Salone, de las acciones y la determinación de editores y gobierno regional.

La iniciativa milanesa naufragó: apenas 46.000 visitantes, Turín ya ha vendido antes de empezar 56.000 ingresos. En la búsqueda de razones a posteriori cabe todo tipo de excusas: se preparó con poco tiempo, no obstante fue el grupo escindido quien puso fechas y plazos y una gestación de la rotura de casi un año y medio; se pagó la proximidad del salón de la moda; era la primera edición, que contaba con todas la mayores editoriales del país que habían anunciado a bombo y platillo el evento y su ausencia de la cita piemontesa, es decir que para encontrarlo habría que ir a Milán. En realidad la realización del evento ha pecado de superficialidad y suponencia. La programación ha sido plana y muchos autores, incluso de renombre, se han encontrado ante auditorios menores a cualquier cita en una librería o biblioteca municipal en un día entre semana, generando no pocas protestas ante los editores y alguna no tan velada amenaza de no volver a participar en el futuro. El mayor error sin embargo, creo, ha sido subestimar la capacidad de dinamización de pequeños y medianos editores, su capacidad de generar citas que de otro modo no encontrarían la ocasión o un publico tan amplio (¿cuántas otras veces tendrá ocasión un lector genovés o piemontés de hallarse ante un autor menos mediático como Carterescu, Amitav Gosh o Pennac por citar algunos?), tiempo y espacio para darle mayor  amplitud a un debate sobre, libros, literatura y sociedad: subrayo como el tema de la presenta edición es más allá del confín.

En esta lectura de los hechos, tras haber noqueado al gigante, no extraña que los editores hayan advertido ya a las instituciones del riesgo de un pacto con el enemigo.

¿Qué perspectivas se abren ahora? Jugar al pitoniso es un riesgo inútil que prefiero evitar siempre, pero los escenarios podrían ser tres:

Los grandes grupos editoriales arrojan la toalla, al menos por ahora, y vuelven al Salone con un nuevo perfil y otra relevancia institucional; más difícil será salvar, en cualquier caso, la AIE.

El Salone acuerda un paz con los grandes grupos editoriales y celebra un evento con dos sedes; simultáneas o por turnos, según el modelo sea el de Mi-To o nuestro viejo sistema. En ese caso preveo un periodo convulso porque serpeará el sentimiento de traición, ya sea en la ciudad, ya sea entre los editores que han sostenido el Salone. El resultado sería incierto pero sin duda deberían reescribirse las cuotas de poder y las formas del evento en modo de dejar a Turín y a sus fieles en un lugar de preeminencia, lo cual provocará a medio plazo una nueva crisis.

El Salone acuerda un paz con los grandes grupos editoriales y se produce una escisión nueva que ve a los nedianos y pequeños editores (pero también, lectores, escritores y librerías) protagonizando un nuevo evento, quien sabe si lejos de Turín.

Creo sinceramente que las hipótesis dos y tres representan un riesgo grande para Turín. Roma, tercera en discordia, solo espera la ocasión de llevarse el gato al agua cuando los contendientes estén exhaustos.

El próximo lunes sabremos como han ido en modo definitivo. Solo más tarde sabremos como acabará de veras.

Publicado en Libro literatura

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