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La crisis de la novela

La novela en crisis, ¡qué titular!

Pero cómo podía ser de otra manera, digo yo.

Entramos en una época en que la sociedad en su conjunto se rompe, se resquebraja, se parcializa, se atomiza (consideraciones que la posmodernidad ya había hecho y afrontado, juzgue cada uno si su aportación es o ha sido relevante), y advertimos en esta descomposición dos áreas: el caos, generador de pesadillas sociales; una utopía indefinida, la consciencia de un cambio aún en fase inicial y por tanto de contornos borrosos. La incertidumbre atenaza. Lo conocido tiene visos de ser la solución cuando advertimos que lo conocido es lo que desaparece; lo hace porque es parte del problema, no de la solución. Ante un panorama así, lo que vemos, comemos y leemos no queda a parte.

Si, con motivos o sin ellos, la novela ha sido el altavoz y la expresión de la escritura en los últimos 50 o 60 años o el espejo de la sociedad en ese mismo lapso de tiempo, creo que es inevitable que la novela esté en crisis.

Acogernos formas narrativas pasadas que nos dan un marco seguro y asegurador, el anecdotismo o la novela histórica para entender el pasado (evitando mirar al futuro o incluso al presente) o peor aún para creer que cualquier tiempo pasado fue mejor y añorarlo y tenerlo como meta.

A la novela, como a la escritura y a cualquier otra forma creativa en general, no le queda más remedio que lanzarse a la vanguardia del cambio, apostando por lo que aún no se ha hecho o como no se ha hecho. Si la novela está en crisis, como temo lo ha estado casi siempre, lo debe también a su vínculo con la realidad que describe y que la acoge, naturalmente también con su propia evolución.

No sé, sin embargo, si estamos todos de acuerdo en la atribución de la importancia en el peso de esta crisis.

Si es cierto que leer se ha convertido en leer novela, dudo mucho que esta responsabilidad sea adscribirle al género en si, no es menos cierto que en el no leer la novela paga también el precio mayor. Un aspecto que inquieta a quien escribe y vende libros, novelas, es que pasará cuando el modelo haya periclitado definitivamente. Pero esto tiene  mucho que ver con la novela como producto para el consumo y poco con la novela como género, así creo yo.

Pillada pues entre la necesidad de avanzar y reflejar lo que está por venir y lo que ocurre, entre la necesaria renovación de rutas por caminos intuidos pero desconocidos y la necesidad de mantenerse con un público obstinado en su mayor parte por reconocerse en el pasado: esta ahí la crisis de la novela. La novela está tan en crisis como nosotros mismos. Dudo que eso sea malo de por si. Es lógico por contra.

La cuestión por tanto es como la novela superará los límites de si misma anticipando el cambio de los límites de la sociedad futura, cómo nos ayudará a interpretarlos, no con una exclusiva sino entre/con los  restantes géneros, si podremos hablar de novela, lejos de saber si leer será aún entonces leer novela, si habrá un leer, y no como parece que se obstina en pensar nuestro subconsciente consumista que leer y comprar, leer y vender, será la misma cosa después de la crisis.

Publicado en Escritura Libro literatura Narrativa

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