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El texto como problema

En una ocasión tuve ante mi un texto que supe localizar bien, pertenecía a un orden mishnaico, Nashim, y con esa información que juzgue suficiente acabé por darle, con un traspiés, un sesgo y un significado diverso al original.

Mishnah-C-Nashim1-Vilna.pdfEste preámbulo para abordar el tema de la lectura del texto no está del todo injustificado. En el caso que refiero era fácil decir que el texto era un problema, sobre todo para un estudiante en busca de excusa para un resbalón. Cierto no era un texto fácil, pero tampoco de una dificultad insuperable. La realidad es que el texto era un problema en cuanto mi lectura le hizo ser un texto problemático. Fue ver lo que no estaba pero a mi me hubiese gustado que estuviese, porque coincidía con mi visión de lo que iba a hallar en el texto, lo que determinó el fracaso de la comprensión, el empujar el texto donde no estaba, donde no había texto.

Puede parecer que es un problema menor y sin embargo no lo es. Aventurar una lectura sin haber leído realmente el texto es distorsionar la realidad que el texto describe. Proponerse hallar en el texto lo que el texto no da, endosarle una etiqueta que no puede sostener porque no le pertenece o colocarlo en una línea de filiación, de parentesco con otro textos con los cuales solo tiene un parecido superficial, son actitudes frecuentes.

Por ejemplo, recientemente he leído una reseña crítica de Muerde ese fruto que cito textualmente: “No sé si tenía que entender un significado oculto de este libro y si había alguna enseñanza…”. El libro no le ha gustado y lo siento. La pregunta que habría que hacer es ¿Si no ha encontrado un significado oculto o enseñanza ninguna, no es posible que no la haya? De otro modo, ¿por qué empecinarse en  buscar en un texto lo que texto no da para luego sentirse decepcionados? Más allá de que el texto sea mio (pongo el ejemplo para que no se diga que uso terceras personas para hablar de mi o que escondo lo que en otros no aprecia en mi libro; rehuyendo esto me zambullo en las críticas por personalismo, que le ¡vamos a hacer. De algo hay que morir) el error de esta lectura está precisamente en no reflexionar sobre el texto, en no realizar una comprensión del texto, porque el texto se ha “leído antes”, se ha leído en modo prejudicial con la idea de lo que había de encontrarse entre sus líneas y no yendo al descubrimiento de lo que las líneas dicen.  

El ejercicio de la lectura nos propone es abandonar nuestras posiciones para adentrarnos en las posiciones de otro. A lectura concluida podremos valorar si nos  convence o seduce o nos gusta, o todo lo contrario. La lectura nos propone abandonar el prejuicio par ejercitar la compresión. Incluye esto aceptar la posibilidad de que lo que nos describe esté en desacuerdo con nuestro modo de ser, de pensar y con nuestra definición vital. No es infrecuente que al terminar rechacemos las posiciones del texto pero apreciemos también partes de él, o incluso que a lectura concluida, lejos del posiciones apriorísticas, descubramos nuevos horizontes. 

Y es que la caída de la comprensión lectora, el fracaso de la experiencia que propone resulta alarmante, porque leyendo en un texto año lo que en el texto no está, lo que el texto no dice nos alejamos de la comprensión de la realidad que describe solo para confirmar a expensas de otro y de toda evidencia n nuestro particular enfoque, que no admitimos pueda ponerse en tela de juicio. La frase que he citado encierra, quizá inconscientemente, este mundo de exclusión irreflexiva que constituye el fracaso de la lectura.

Si llevamos esta práctica a la vida cotidiana no cuesta apreciar como que estamos construyendo la posverdad sobre la base de la incomprensión de cuanto nos rodea, de exclusiones apriorísticas de la visión del mundo,  porque ya establecimos un marco interpretativo de la realidad del cual no tenemos intención de salir, así como no tenemos intención de comprender lo que hemos leído. Los de comprensión lectora de nuestras escuelas son bajos, no acaso lea tendencia a la posverdad, a la circulación con anteojeras

Recuperar la lectura y la comprensión es fundamental y va, en mi humilde opinión, más allá de la lectura misma.

Publicado en Escritura filología lectura Libro

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