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Auster en 4 3 2 1 (reseña personal)

Paul Auster (Newark, 3 febrero de 1947) nos ha entregado una obra corposa y poliedrica.

Ahora que he hecho este anuncio me queda la tarea de corroborar la afirmación con razonamientos. Empiezo por el principio. Auster propone en 4 3 2 1 todas las posibilidades del propio yo, por que todo en 4 3 2 1 es un gran juego de espejos entre realidad y ficción, 4 3 2 1 es una novela, una autoficción o una (auto)biografía inventada (parcialmente). Auster entrevera en la narración, como ya nos ha acostumbrado a cierto punto en sus obras, no siempre con continuidad, la propia biografía con diferentes alias, y la propia obra: aquí y allá hace mención, más o menos velada, a sus libros que al lector no costará ir identificando como en un juego. Para completar esta idea Auster parte del inicio: la familia. Podría haber sido un Rockefeller y no un Ferguson (Icabod Ferguson), apellido que confiere una identidad cristiana  protestante y anglosajona a un emigrante judío ruso. En esta parabola concentra buena parte del desarrollo de la novela, aunque a simple vista es solo un anécdota. Y la ramificación de la familia contiene también las posibles ramificaciones del joven Archie. Cada Archie tiene afinidades y divergencias con los restantes Archies. A las divergencias Auster, como no podía ser de otra manera, confía la diversidad biografica del personaje. A la vez, sin embargo, existe cierto grado de determinismo porque a pesar de las divergencias todos los Archie Ferguson posibles, al menos todos los que superan los diez años, convergen en la escritura: la única actividad que el autor concibe como propia en base a afinidades, renuncias, inclinaciones y competencias de cada una de sus criaturas y alter ego.

Desde el punto de vista de la trama la diferentes biografías de Archie excavan en las divergencias para sacar a al luz los Archie posibles, todos ellos aceptables, todos ellos marcados por las propias elecciones tanto como por las elecciones de los demás: con demás se entiende la familia, las diferentes familias, y en menor medida las amistades, que actúan y reaccionan en modos distintos a avatares diversos, subrayando, el mismo autor lo hace, como el camino a la independencia de criterio y de acción pasa por necesidad por un periodo de dependencia, hasta alcanzar paulatinamente los diferentes estadios de autonomía personal que caracterizan a toda la humanidad. En este proceso es donde Auster profundiza las posibilidades de cada personaje, donde sondea los caminos que cada cual puede emprender en cada situación, recosiendo la ficción con las experiencias propias y las generacionales, lo particular con lo universal. Es en este mismo proceso donde cada quien radica las propias fuerzas y debilidades. En el proceso de crecimiento de Archie se afirma un principio: interioridad las ideas y las emociones del otro y hacerlo incluso en el momento del choque: una muestra son los choques emocionales e intelectuales resultantes del primer periódico de la escuela. Una empatía en pañales que luego se verá reforzada, cuando Archie vaya madurando, en formas intelectuales de rechazo de la violencia, por ejemplo. Pero sobre todo toma forman precepto bíblico: no causar sufrimiento. Puede que en una primera lectura sobresalgan precisamente esas debilidades como grandes condicionantes del desarrollo personal de cada Archie, pero es sin duda la fuerza de cada uno de ellos los que les lleva al desenlace, que no necesariamente es feliz o positivo. La terquedad de los Archies, la determinación con la cual apuestan por ideas y emociones es otra nota común de todos ellos. De la suma de todos estas actitudes obtenemos una imagen sensatamente cabal del autor y de todas nuestras posibles infancias, juventudes e inicios de la vida adulta; siempre claro está que nos encuadremos en una atmosfera laica y tendencialmente progresista (con todas las dificultades que hoy tenemos en Europa para acordar el termino progresista a las condiciones americanas actuales). Siendo este un juego de espejos entre realidad y ficción, ficción biográfica y autobiografía (o autoficción) Auster reduce este universo cuántico de Archies posibles a un solo Archie, restituye filológicamente un solo “texto”, un solo Archie /Paul, el superviviente.

Si la trama es el crecimiento biográfico de Archie, 4 3 2 1 desarrolla asimismo una serie de bloques temáticos, presentes en cada personaje, no solo en Archie, y en el cuadro época en el cual Archie alcanza su madurez personal.

Yo he identificado 4 bloques distintos: la escritura; la América blanca; al amor y el sexo; la dualidad USA/Europa, que se presenta como una dualidad esencial entre USA y Francia.

La escritura es, sin duda, uno de los ejes de la novela. No solo porque es la dedicación de Archie/Auster/cualquiera-de-nosotros-que-quiera-ser-escritor, sino porque deviene el eje vital, la actividad a la que dedicar la propia vida, es oficio. Como tal eje la escritura es absorbente, no admite actividades paralelas, cosa que bien se refleja en 4 3 2 1: las actividades que cualquiera de los protagonistas desarrolla son actividades de supervivencia, mientras la escritura (y no solo la literatura) es vivencia. Es importante esto porque de tal exclusividad y de tal relevancia deriva la necesidad de establecer una ética de la escritura. Tiene esto un punto personal: lo que el escritor acepta como obra, como trabajo terminado, es en primer lugar fruto de la aceptación ante si mismo, no haber doblegado la escritura a nada que no sea la exacta idea que se tiene de la escritura misma, de lo que persigue y lo que constituye en última instancia lo único aceptable. Es además ética colectiva, que se despliega ante el lector potencial ( y en este punto hay que decir que no puede supeditarse la ética a la consecución de lectores) y ante el editor. En cierto modo Auster ofrece un vademécum del escritor en sus inicios, recorriendo idealmente su propia experiencia, o imagino que es así, exponiendo su propia idea de escritura. Auster amplia al periodismo, muy especialmente, esta ética. No lo hace por motivos puramente narrativos sino porque resulta, como la trama sí desvela, la actividad escritural donde con mayor vigor y con mayor tenacidad hay que defender esa ética, donde mayor es la exposición del lector de la ruptura de la ética de la escritura, pues se le expone a consecuencia nefasta, con todas sus implicaciones presentes y futuras, sea de un punto de vista individual que colectivo. Creo que esta visión no es defendible solo tras la lectura del 4 3 2 1, sino como consecuencia de la lectura de la entera obra de Auster. Existe una relación estrecha entre escritura, ética y verdad. Se que se escriba literatura o periodismo no puede faltarse a la verdad, la que encierra la narración y que el autor no puede traicionar sin traicionarse a si mismo, la que desvela la noticia y que no puede venir a menos. verdad, ética, escritura. No ha velado aquí, en este punto, demasiado su presencia en la novela, sino que ha dejado que los acontecimientos que narra le llevasen al punto de precisar, casi sin necesidad de decirlo, cual es esa ética que ha desarrollado personalmente, poniendo en los actos de todos los Archies un fragmento de ella, descomponiéndola sin necesidad de desmembrarla, sin quitarle unidad de concepción. Se trata pues de la historia de como llegar a ser escritor en 4 3 2 1 intentos.

La América blanca a la que pertenece de golpe y accidentalmente Ichabod Ferguson, es a la vez la América blanca a la que no  pertenece Archie Ferguson, su descendiente. Auster alumbra el descubrimiento de su infancia como perteneciente a un segmento que siendo blanco no pertenece a la América blanca, el descubrimiento de que la América con la que se identifica es una nación imaginaria, que solo allí tiene cabida él, Amy, Noah, Dorothy y Luther. Se define así el papel de la comunidad judía americana, judía culturalmente, de sentimiento religioso tibio, igual al de sus compañeros cristianos, culta y liberal cuando no de inclinaciones de izquierda más o menos marxista, más o menos revolucionaria (aquí diríamos, según que Archie, según que Amy, que Noah o que Luther, pues cada personaje es distinto según es distinto Archie, como es natural pensar). Pero este papel de bisagra involuntaria es también el papel ingrato de una minoría entre mayorías distintas, que no le reconocen ninguna característica mayoritaria ni minoritaria, según el punto de vista. Para la comunidad blanca cristiana no es lo bastante cristiana y por tanto no lo bastante blanca; la división ideológica refuerza más tarde esta misma exclusión entorno al argumento patria; y aquí la ética de la escritura toma particular importancia, recordando la distorsión de la verdad, como Hannah Arendt aparece en el libro, y como Auster interpreta el amor por la teorica política por encima de la realidad, incluyendo el furor revolucionario de las revueltas estudiantiles anti Vietnam. Para la comunidad afroamericana es demasiado blanca para ser negra y no lo bastante oprimida para serlo de veras. Esa comunidad judía que se ve a si misma asimilada (que es cosmopolita cuatro le es posible en los USA del tiempo) y que se ve al mismo tiempo rechazada en su asimilación: un golpe duro. Auster advierte que este juego cruzado de exclusiones amenaza a la comunidad judía americana con un síndrome de grano en el molino, que con fuerza centrífuga coloca a sus miembros una disputa identitaria que los jóvenes Archies durante su infancia no hubiesen sospechado jamás. Así, una parte de la muy ampliada familia Ferguson se coloca al lado de quienes no les reconocen la pertenencia a la América blanca y dominante ante la violencia de la comunidad afroamericana cin la cual ha compartido muchas de sus luchas; otra parte se coloca al lado de quienes no pueden reconocerse en una América real y escogen o la revolución en una nación inventada o la huída sin lugar de escape, un exilio doblemente interior, para finalizar en un auténtico exilio en la antípoda cultural: Francia. Auster no dibuja  a pesar de todo un Archie ignorante, tiene el buen juicio de incorporar ciertas revelaciones en boca y actos de otros personajes, allá donde cada uno de nosotros mismos deja parcialmente de ser el protagonista absoluto de la propia vida, para dejar que otros cubran ciertos huecos personales. Estalla la violencia (con sus extensiones de odio e intolerancia) como factor desencadenante, explosión de esta acumulación solapada de exclusiones y vetos, de teorizaciones sin realidad que la sostenga (ya sea Vietnam, ya sea la igualdad de derechos civiles, ya sea la pertenencia a grupos lobistas y sus repercusiones, no importa), la que genera otra violencia que desata nuevamente criterios y actitudes cuya esquizofrenia aumenta en una espiral irresoluble, al menos hasta donde ve cada uno de los protagonistas. Sería sin embargo errado creer que la violencia se anida solo en la parte final,. de la joven madurez. Esa violencia es latente en cada etapa de crecimiento, una violencia que toma los rasgos del prepotente de turno en la escuela, la universidad, el trabajo. Una violencia que vive en la aceptación fanática de conceptos y no su aplicación en la cotidianidad, en la teorización de la igualdad entre los hombres mientras se aprecia sin esfuerzo la discriminación constante. Auster pone siempre en su infancia y primera adolescencia la capacidad crítica de esta realidad fuera de él mismo, no será Archie, sino Amy, fundamentalmente quien posea esta capacidad; casi siempre será igual en la post-adolescencia y dejará de ser así en su primera juventud, cuando gane la capacidad de razonamiento autónomo gracias a la escritura, al esfuerzo constante por describir otros y otros yo. Un reflejo más del constante desarrollo del personaje Archie, con todas sus debilidades y complejidades, sus contradicciones y aciertos. De esta forma ha descrito la cuestión el escritor Morris Berman:

« It’s interesting that the theme of Paul Auster’s novels is that American society is incoherent, that it lacks a true identity, and that it’s nothing more than a hall of mirrors. He’s been saying that for decades and by and large Americans don’t know who Paul Auster is and they don’t read him. Auster is tremendously popular in Europe, he’s been translated into more than twenty languages: those are the bulk of his sales. Americans are not interested in this kind of perception. »

La diversidad de opinión es interpretar por Auster, me atrevo a ofensa ry decir, de u modo positivo, igual que en la Torah (subrayando ese substrato que parece no estar y que en vez no desaparece nunca): “disenso para crecer”, “disenso en nombre del cielo”.

Merece una mención la descripción la misma comunidad judía neoyorquina, o neojersiana. Auster parece caer en los tópicos definitorios propios de la alteridad y lo hace con un ánimo paradójico porque es colocándose primero dentro de esos tópicos para romper luego con ellos, que los personajes de Auster buscan su propia identidad: conformidad y rebeldía, identificación, aceptación y ruptura con la imagen ideal de un nuevo mundo inexistente. Podemos ver entonces esas imágenes estereotipadas del judío neoyorquino de éxtasis mezclado con escepticismo, autoironía, duda, espíritu crítico, autoconmiseración, convencimiento de estar de parte de lo justo, profunda desconfianza, cuando no miedo, de la autoridad, euforia y triste perimisto, rebelión ante la int¡justicia. Recorre el autor una buena porción de la literatura yiddish americana en sus temas y revisitándola en sus formas, citándola compartiéndola en formas a veces casi cifradas, porque esa misma identidad también le está, en fondo, estrecha: aparecen de refilón clásicos de la literatura hebrea como Bilaik, Singer o el talmud y en forma explícita Marx, Freud y Arendt. Y es que también con los clásicos yiddish y del judaísmo puede leerse, si no de otro modo, en parte, 4 3 2 1. Aunque en fondo Auster sugiere que estas características pertenecen todas al hombre moderno, sin importar la pertenencia, lo que hace de cuanto dicho una aportación, una vía a un ser ciudadanos universales.

Amor y sexo son dos cuestiones unidas y separadas, pero fundamentales en la definición e quien somos y muy presentes en los años de la adolescencia y juventud que recorre Auster en la novela: los años de la conformación de la personalidad, de los gustos, de la identidad que sostendremos por el resto de la vida aunque vayamos cambiando los detalles. El tema es doble e interconectado, también es doble la lectura de cada uno de los elementos. El sexo no es solo una cuestión de autosatisfacción, es también una cuestión de reconocimiento del otro en sus satisfacciones y necesidades. En el otro vemos también una identidad, que constituye la otra clave de lectura. Identidad y reciprocidad, reconocimiento y respeto, satisfacción y aprecio. El sexo como la inclusión social o bien el aspecto más íntimo en el cual podemos incluir al otro. Es en la definición del otro que Auster aborda la cuestión de la homosexualidad y la bisexualidad, no como depravación o deformación sino como una elección más (baloncesto o beisbol, hombres o mujeres, periodismo o literatura, papá o mamá, dinero sí o no, editar o no, las elecciones se presentan siempre) que en la medida de lo posible los Archies intentan conciliar siempre las posibilidades, buscando continuamente las vías que permitan no desechar sino incluir, solo tangencialmente si no hay otra posibilidad, otras las opciones. No hay vergüenza en el sexo y no debe haber vergüenza en la propia identidad, por difícil que los demás nos hagan soportarla: sin ella no somos nosotros sino la copia pálida en la que no se anida ningún futuro. Ese futuro no es único, al contrario, absolutamente al contrario, es fecundo, plural, abierto e imprevisible. Y el amor es onnicomprensivo y omnipresente, diría casi onmideterminante porque la búsqueda del amor representa una auténtica constante para Archie, cualquier Archie. En sus formas más variadas que van de la amor materno a la amistad, al amor incandescente y al romántico jamás apagado por Amy. Amor y sexo como extensión amor y renuncia, amor y verdad. Necesidad de ser amado, sobre todo, de corresponder ese amor. Amor como integración en mundo, como fuente se significación del mundo que de otro modo es un erial de mentiras, un cúmulo de hipocresías, un valle de lágrimas. Amor redentor. Y sí, 4 3 2 1 es una novela de amor.

Último bloque el que constituye la alternancia USA/Europa, mejor dicho USA/Francia. Es una alternancia entre realidad y promesa, alienación y liberación, posibilidad y ser. Todo lo que en Usa Archie vive como obligación, límite, hipocresía, indeterminación, ya sea en un plano colectivo que personal, en Francia es su opuesto: posibilidad, liberación, sinceridad, determinación. es en Francia que Archie si libera de los corsés y deja de ser un judío americano, una integración fallida entre mayorías antagónicas, raciales, económicas, culturales y sexuales, para ser un individuo pleno, libre, escritor, hetero-homo-bi-sexual pero amado. Francia no libra de turbaciones, asociadas siempre a la edad del protagonista a la turbulencia de la época, pero da siempre una salida aceptable, honrosa y sincera. Ocasionalmente Europa/Francia llegó a USA, pero el efecto es parcial, controvertido, causando un daño en el europeo y una frustración en Archie: América es intransigente, acepta solo a si misma, no digiere la diversidad, que es lo que hace, a los ojos de Archie, potente el sueño europeo. Sin embargo, hay un rescoldo de consciencia del hecho que Francia es solo un refugio momentáneo, un paréntesis restaurador antes de volver a casa para la resolución de los conflictos latentes, porque solo en la resolución se halla la Verdad, con mayúsculas: escapar es posible solo en modo transitorio. Un exilio perpetuo es anti-ético.

Esto es lo que nos revela Archie con Amy, lo que revela Archie poco antes de su muerte en Londres y lo que nos revela el último Archie/Auster. En cualquier caso no es necesario traspasar el océano. Auster muestra como la lengua es igualmente maestra y refugio, patria temporal que nos permite la huida, la liberación, el hueco en que podemos entrar cuando todo ahí fuera incumbe sobre nuestra cabeza en modo amenazante. La literatura, en nuestra lengua o en otra, traducida, es la via preferencial de esa ciudadanía universal que permite integrar y desaparecer, añadir  e incluir en vez de restar, ensanchar en vez de estrechar nuestras mentes. La literatura francesa se empareja con la literatura americana, con la inglesa la rusa y la judía para englobar todos los mundos empíricos e intelectuales de Archie, todas las ideas y las emociones que albergan los alias de Auster (y Auster mismo por extensión o inclusión). Francia y su lengua (con Canadá como extensión casera y cercana, pero sucedánea en fondo y por ello no del todo liberadora, pero al menso una meta acogedora cuando la crisi se transforma en ingestionable para Archie, Amy y Luther)) es lo que a Archie permite ensanchar sus horizontes sobre todo mentales, después efectivamente físicos. Y es que como siempre en Archie/Auster la mente llega antes que el cuerpo a la conclusión deseada y es por ello fuente de dichas y de desesperanzas.

Concluyo.  4 3 2 1 es una novela autoficcional, torrencial, de formación, intergeneracional, entrelazada, que narra la aventura de escribir, de ser, en un mundo convulso donde la inclusión de todas las identidades sigue siendo una realidad parcial y un motivo para proseguir la lucha sin olvidar la ética, la verdad, la honestidad, el amor, porque aunque esto nos hará solo parcialmente felices es la mejor parcialidad que podemos obtener en este mundo y una meta, en el fondo, razonablemente ambicionable y difícil.

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