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Identidad y personajes: la construcción de posibilidades y la autonomía de la novela

Identidad y personajes: la construcción de posibilidades y la autonomía de la novela

identidad y personajes de la novela. Una cuestión de las más controvertidas y difíciles de entre las que podemos hablar. Abordándola soy plenamente consciente de entrar en un territorio difí­cil, poblado de certezas no menos que de dudas.

Desde mi (personal y modesto) punto de vista la identidad es uno de los constructos sociales, culturales, con los que definimos a los demás no menos de cuanto nos autodefinimos. En este proceso de definición y autodefinición solemos realizar una práctica (auto)limitativa, indicando una identidad como identidad de resumen. Sin embargo no tenemos problema en cambiar esta definición según sean las circunstancias o el contexto: por ejemplo definimos a X como europeo, o como padre, o como profesor según las circunstancias, el contexto y los personajes implicados, sin que por ello nos parezca en ningún modo contradictorio.

Visiones

En efecto, en la prosopoeya mediatica (política, cultural o de costumbre) y (para)psicológica es frecuente que pase como cierta la afirmación según la cual todos estamos caracterizados por ser muchos en uno, de poseer varias identidades. Esta afirmación acomuna características que llamaré individuales (como padre, profesor u otras que si bien transmiten una visión de la realidad y su articulación, es decir una cultura se refieren al individuo singular) con otras que llamaré colectivas (como pueden ser europeo, francés, hombre, que se aplican y definen colectivos, sumas de individuos). 

En esta visión, incompleta y quizá simplificada, se abre paso la idea de una identidad compuesta y sincrónica, más resultado de convenciones que de procesos culturales; en cierto modo son aspectos de una única identidad tendencialmente monolítica. Se es de derechas o de izquierdas, la variación está mal vista; se es heterosexual o homosexual, terceras vías o cambios son desviaciones no constitutivas de identidad; se es de igual modo hombre o mujer; cambiar de categoría social es consecuencia de la suerte, la desgracia, la habilidad u otras circunstancias que sobre todo en el caso de descenso social tienden a generar respuestas igualmente  clasistas. Se desechan asimismo esos aspectos que pueden resultar polémicos: raza, religión, status social (en determinadas circunstancias), pero siempre abordando la cuestión desde un solo punto de vista (factual) y sincrónico.

Marcadores culturales

Identidad y personajes: la construcción de posibilidades y la autonomía de la novela
Un visitante observando la obra de Magritte, No reproducir (Daniel Reinhardt/dpa via AP a través de La Stampa)

Podemos considerar la cuestión como una serie de marcadores culturales estratificados que se activan (incluso simultáneamente) dependiendo del corte, del sesgo con el cual procedemos a presentar el individuo; habría que declarar antes que en ningún caso nadie al presentar(se) o ser presentado a otros ofrece una sola definición. Incluso inconscientemente transmitimos una serie de indicadores (modo de hablar, de vestir, de colocarnos, colores usados, accesorios, objetos que nos acompañan, etc…) que contribuyen a dar una imagen composita y múltiple aunque no toda sea leída de inmediato.

Dicho de otro modo, daremos una imagen de N culturas simultáneas que incluirán clase social, lecturas, educación, preferencias, edad, género, tabúes, preferencias, procedencia y residencia, lengua o lenguas y otro largo etcétera. En realidad definimos la identidad en un proceso constante de negociación entre los indicadores, atravesando no solo la invisibles fronteras de los conceptos sino también el tiempo, pues se procede recuperando estados precedentes o anunciando configuraciones futuras de la propia identidad (ocasionalmente en modo de presentar como factuales meras elucubraciones o deseos).

Fronteras franqueables

Así se desecha la idea de una frontera infranqueable entre los diferentes componentes de la identidad, de la cultura que manifiestan y se aceptan los solapamientos y las zonas intersecantes, se descartan los recorridos lineales para aceptar viajes repletos de idas y venidas, curvas y zonas ciegas, manifestaciones de contaminación y simultaneidad. Dependiendo entonces del corte, vertical o transversal o ambos contemporáneamente  obtendremos una imagen identitaria que será siempre parcial pero no menos auténtica, mientras toda otra serie de atributos identitarios quedan fuera a pesar de estar simultáneamente presentes.

Parcialidad, simultaneidad y contradicción de la identidad

En esta visión se parte de la aceptación de parcialidad, simultaneidad y contradicción de la identidad. señales de la negociación permanente entre los diferentes componentes identitarios, mayoritarios, minoritarios, temporal o espacialmente determinados, individuales y colectivos, modalidades de tránsito, de viaje interior como podría haber sido un normal viaje en el espacio: recuerdo siempre como la esposa japonesa de un amigo europeo replicaba a su marido cuando este se lamentaba de no entender casi ninguno de los tabúes, de las limitaciones cotidianas de los japoneses, “por qué quieres entender, tampoco nosotros las entendemos pero no es un problema, es solo que es así”. Es evidente, para excluir una lectura solo en positivo,  que no puede excluirse que estos diferentes componentes (indiviuduales y colectivos) entren en conflicto entre ellos.

Como consecuencia de esta visión tenemos que existen N posibilidades simultáneas que cambian en el tiempo y que no son ni homogéneas ni homologantes de una visión única de la identidad, mucho menos de la identidad monolítica. La respuesta más común en la identidad colectiva, y de retruque en la identidad individual, es realizar un obra de restricción, poniendo en movimiento una voluntariedad de limitación que haga más simple y fácil manejar categorías en conflicto entre ellas, allanando las contradicciones en una identidad plana que excluya el conflicto con la simultaneidad y la contradicción inherentes a la identidad colectiva (y también individual) y suprima el papel de intermediador vital del sujeto.

Conservadurismo de lo imaginado

Es esta la forma en que el conservadurismo que viven todas las comunidades imaginadas afronta la diversidad y la complejidad, cosiendo pocos retazos en favor de una identidad personal o colectiva muy restrictiva. Sin embargo, nada nos imposibilita para imaginar comunidades mucho más amplias, ricas y complejas.

Las muchas identidades de la identidad son reflejo de todos los condicionantes culturales y de todas las culturas que sedimentadas atesoramos en nuestro interior entre las que sorteamos la cotidianidad y el paso de los años, en un viaje constante que entraña un diálogo infinito. En modo constante estamos recosiendo identidades en un permanente devenir. Abatir las fronteras, permitir la circulación entre estas esferas engendra nuevas posibilidades liberatorias. Reforzar las fronteras significa trabar presentes y futuros y consignarlo todo a formas restrictivas y posiblemente a divisiones jerárquicas, reluctantes a cualquier tipo de sesgo transversal.

Literatura e identidad

Cuando en otra entrada abordé la Weltliteratur, la cuestión de la identidad aleteaba en el fondo, como un tema abstracto y constitutivo de la definición de la Weltliteratur, un esqueleto conceptual. Calando la cuestión aún más en profundidad se toca la esencia de la construcción de los personajes. Hablamos de personajes planos cuando estos no desarrollan aspectos identitarios (que se presentan con frecuencia como aspectos psicológicos), pero podríamos presentar estos mismos personajes como inhibidos en los que se ha operado una restricción voluntaria de posibilidades negociación internar, en su recorrido por las diferentes posibilidades. Del mismo modo los personajes que “evolucionan” manifiestan un recorrido que leemos con frecuencia en modo lineal, de progreso (quizá por el peso inconsciente de las restricciones), en vez de leerlo como un estado de negociación entre las diferentes componentes de la propia identidad individual y colectiva, por separado y contemporáneamente, un estado que además es generador de nuevas formas y conceptos.

Identidad

Esta lectura de la identidad como viaje lleno de contradicciones, solapamientos, zonas de exclusión e inclusión, temporalidad, propone un identidad en devenir, sólida y a la vez móvil, en la que pierde sentido, al menos parcialmente, la distinción entre personajes planos y personajes completos, entre vacuidad y simplicidad y complejidad y plenitud. Construir un personaje desde esta perspectiva significa construir el resto, la novela, comprendiendo que se trata de un viaje a través de parcialidades, momentos de adelante y atrás en el tiempo (tiempo que no es necesariamente el mismo porque corre simbólica y significativamente a ritmos distintos dentro y fuera de cada identidad, individual o colectiva)  y en el espacio, en los que de forma permanente se restablecen y se redefinir las relaciones externas e internas del personaje y por tanto de la sociedad en la que vive, y es que este aspecto, en de una sociedad en redefinición constante, es tan real como la vida misma, mientras cualquier intento de congelación del devenir, de restricción de las posibilidades es un intento del todo ficticio, mucho más que el relato o la novela.

Conclusiones mínimas

No se trata, en fondo de, de proponer una verdad sobre la relación personaje/novela, sino de establecer la existencia de una serie de posibilidades, de recorridos que siguen un único sendero en su construcción y una única lectura en su lectura.

Sin embargo, estos personajes en los que se detiene o prosigue el “viaje” proponen una definición intrínseca de la novela. No tener en cuenta esto es falsear su construcción tanto como su lectura: la identidad de los personajes, de la sociedad que relatan, construye la identidad de la novela y del lector.

Publicado en Escritura lectura Literatura Narrativa personajes

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