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Los criminales que se merecen

Quizá los últimos 35 años pueden resumirse así

Alexandre_Lacassagne
Alexandre_Lacassagne

“… et la société a les criminels qu’elle mérite »

« Les transformations du droit pénal et les progrès de la médecine légale, de 1810 à 1912 », Archives d’anthropologie criminelle, 1913, p. 364

Alexandre Lacassagne

Quizá los últimos 35 años pueden resumirse así, con esta cita un tanto desencantada.

Perplejidades

Pensando a los últimos 35 años me lleno de dudas. quizá no son dudas sino perplejidades. Cuando miro a como era mi país allá por los 80, me cuesta reconocer al país que veo hoy. Está claro que algo hicimos mal, ¿pero qué? Digo, está claro que algo hicimos mal los de mi generación, porque no quiero generalizar. Está claro que somos responsables de todo esto que veo hoy. Por lo menos de una parte. Luego, las demás generaciones que hagan examen de conciencia. Pero eso a mi ya me tiene un poco más sin cuidado, no cabe duda.

¿Nadie recuerda como a mitad de los 80 ya empujaba la retórica del triunfo, de los negocios, de ser alguien antes de los 30, de las casas con jardín? No podía ser una cosa nuestra, por cuestión de cronología, de coherencia ideal y de concepción general: ¿qué sabíamos del triunfo si nunca lo habíamos visto? ¿O sí? ¿Cuándo fue que empezamos a soñar que lo que hacíamos gratis un año atrás podía ser una mina de oro?. Subirse al dólar. ¿Cuándo fue que empezamos a creer que sin un cuadro institucional consolidado nuestras acciones corrían el riesgo de convertirse en un factor desestabilizador o, peor aún, en un punto de anclaje que impedía la necesaria modernización de las estructuras del país (quizá empezando por cambiarle la sílaba tónica al presente de indicato o subjuntivo, según)? Con ese simple giro nos olvidamos de cómo habíamos llegad a aquello punto y lo fijamos, colectivamente, en un momento definitivo y final.

Rendición

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Mariano Rajoy (fuente PP_Madrid)

Digo, ¿fue entonces que empezamos a despreocuparnos por las consecuencias? quizá sí, al menos en parte.  Era la hora de entrar en los rangos, mejor si voluntariamente. ¿Fue entonces cuando alzamos los brazos sin subirnos en el dólar? Quizá pensábamos que nos rendíamos nosotros solos, particularmente, sin ver el conjunto que hasta entonces más o menos habíamos defendido, a veces conjuntos muy pequeños para que vamos a mentir, pero conjuntos a fin de cuentas. Puede ser. Es posible que estuviésemos defendiendo más una voluntad que una realidad. 

A lo peor fue que vimos ya lo que iba a ser el futuro y decidimos no participar, como si eso nos eximiese de vivir el futuro común. Me pregunto si no fue una chiquillada, si no fuimos tan irresponsables que nos dio vergüenza y hasta miramos a otro lado, como si nada tuviese que ver con nosotros. La pregunta entonces es, ¿si tanta vergüenza nos dio por qué no hicimos algo? Puede que no nos rindiésemos, sino que nos ganasen y no quedó otro remedio que hacernos a un lado. En ese caso no fue culpa nuestra, no somos responsables, o solo de nuestra derrota. Es un alivio verlo así, con independencia de toda otra consideración.

Pero sí, este país se parece muy poco a mi país. Quizá se parece muy poco a mi juventud. ¿Cuánto nos parecemos a lo que éramos? ¿A lo que queríamos? ¿Se parecen hoy a lo que éramos? ¿Y a lo que somos? ¿Por qué queremos que sean como éramos si a la postre no lo hicimos tan bien, si al final nos rendimos?

Claro que, por otro lado, si todo empezó a cambiar mientras estábamos allí y no fuimos nosotros, ¿quien fue quien cambió las reglas del juego? ¿Los viejos o los jóvenes? ¿Los de antes o los de después que ya estaban dando guerra y no lo supimos ver?

Responsables

Cuanto más vueltas le doy menos veo claro cuanto fuimos, somos, responsables de los que hoy es este país, que no se parece al país de entonces, ni al país que queríamos. Porque esa es otra, el país entonces no nos parecía el mejor sitio del mundo. Y ahora lo echamos de menos. Cosas de la vida. Sigo dándole vueltas porque a pesar de todo no estoy satisfecho. Dudo. Pienso en cómo es posible que todo haya acabado así, que haya dormido tan profundo mi generación. Pienso que igual mi generación no soy yo, que era mucho más heterogénea, que en el fondo ya era así todo, solo que como en un tobogán tardamos un poco en llegar al punto final, en una pendiente suave en la que no es posible detenerse. Ya se sabe, por lo del plano inclinado. Solo al final parece que vas deprisa. Ahora que me paro y pienso en ello…quizá sí. 

Quizá ha sido todo un error de perspectiva, lo cual no quita que siga sin explicarme como hemos acabado en un país como este, tan distinto a como era y a como queríamos que fuese. Porque de una cosa estoy seguro, así como es lo debían querer muy pocos, aunque no sé quienes en concreto. En cualquier caso esos otros también eran parte de nosotros, queramos o no. Mi generación no es inocente, ni limpia. NI las restantes.

A modo de conclusión

En fin, a pesar de todo me levanto y me acuesto y sigo preguntándome cómo hemos llegado hasta aquí, quien es el responsable o los responsables y sigo sin tener claro cual y cuánto ha sido mi contribución. De una cosa sin embargo no dudo. Echo de menos todo aquel movimiento y todo aquel vislumbrar. A pesar de todo echo de menos aquel país vivo que fue mi juventud.

Publicado en sociedad

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