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Lectores náufragos, sociedad naufragada

Lectores náufragos, sociedad naufragada

Lectores náufragos, sociedad naufragada, este ha sido el pensamiento que he acabado por consolidar. Pero empecemos por el principio. Este verano he hecho una de esas cosa que jamás habría pensado hacer: he abierto la puerta a una pareja de Testigos de Jehová, la he escuchado y he debatido con ella. Con gran satisfacción la he visto retirarse. Como todo el mundo era reticente a abrirles la puerta, por latosos sobre todo. Pero  verano es verano, el tiempo de las cosas locas, ¿o no? En fin, mi simpática pareja de testigos iba un poco floja en teología y algo débil de recuerdos. Ensanchar el frente de la discusión no hizo más que ver como naufragaban sus esfuerzos. Un encuentro veraniego me ha llevado a pensar sobre  lectores náufragos y sociedades naufragadas. De esta experiencia, que creo pocos desean realizar, he recabado dos conclusiones personales, como siempre.

Primera conclusión

La primera es que ni tan siquiera los pertenecientes a una religión, los creyentes, se han leído el libro que les sirve de guía: el libro más vendido e imprimido de la historia, la Biblia. De hecho este libro, es de hecho un gran desconocido. Casi nadie lo ha leído entero, casi nadie conoce (o reconoce) sus muchas  contradicciones y su historia textual. Casi nadie recuerda las historias o libros que contiene. Esto es lo que he sacado en claro de muchos años de observación directa, empírica, personal y de la recientísima conversación estival.

Panorama

Si ensancho la cuestión hasta cubrir un panorama cultural y político, obtengo como resultado final una explicación de lo que hoy es día es muy corriente: convencer sin saber. Al final no es raro que se recurra a los gritos, los insultos y finalmente las amenazas. Ignorando el marco cultural en el que decidamos movernos, que de facto es el marco cultural en que deseamos movernos, es imposible convencer a nadie de nada. El deseo nos obceca.

Podemos hacer propuestas concretas, pero cuando las situemos en el marco conceptual que creemos conocer, sin conocerlo de hecho, seremos incapaces de darle ese respaldo que necesitan, no podremos convencer a nadie. No podremos dialogar, ni debatir porque nos faltarán las bases mismas sobre las que asentar nuestro discurso, nuestras convicciones; fácil será que acabemos por confundirlas y torcerlas. Cuanto más apoyemos nuestras ideas en nuestra decisión, en nuestra voluntad de creer en nuestro credo simplemente, más veremos como la respuesta es igual pero contraria. Y la única posibilidad que resta al conocimiento es la fuerza. Mejor dicho, el uso de la fuerza.

Dicho de otro modo, lo que hacemos cuando defendemos nuestras ideas sin conocerlas en simplemente ignorarlas y sustituir la posibilidad de la persuasión con la certeza del choque. 

Segunda conclusión

Si quien debería conocer el libro en el que apoya sus convicciones religiosas (¿alguien aquí recuerda la polémica sobre las raíces de Europa?), no lo ha leído o lo conoce insuficientemente, qué ocurrirá con libros como el Quijote. 

Digiten la frase “qué clásicos leemos hoy en día” en cualquier buscador de internet. La mayor parte de las entradas de las primeras páginas de búsqueda darán motivos para leer los clásicos, pero ninguna información sobre “qué clásicos leemos hoy en día”. En realidad se me ocurre que yo mismo he planteado la pregunta errada. No se trata haberlos leídos, sino de creer conocerlos sin haberlo hecho. Aquí cualquier investigación se hace más difícil, hasta lo imposible.

Avanzamos por la vida con la presunción, personal y/o colectiva, de tener un bagaje que no tenemos, de abarcar con la mirada del conocimiento un panorama que no somos capaces de decodificar. Creo que es por ahí que debemos empezar a recuperar la realidad, por leerla realmente con los instrumentos que de veras tenemos al alcance. Me doy cuenta que la crítica es “no puede bastar, no es suficiente” y estoy de acuerdo, pero no creo que sea posible reformar esta realidad sin primero (re)conocerla.

Conclusión de conclusiones

Sí, los clásicos nos ayudan a ser críticos. No solo ellos, claro. No nos ayuda en absoluto fingir y convencernos de nuestros propios deseos y espejismos, porque el resultado final es el de intentar la imposición del fantasma de nuestra personalísima ignorancia transformada en verdades.

Publicado en Libro Sociedad

Un comentario

  1. Kilian Kilian

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