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Escritores alcohólicos

Escritores alcoholicos

En la última semana ha habido cierto revuelo porque a alguien se le ocurrió ensalzar nostálgicamente a los viejos periodistas borrachines de la antaño humosas y ruidosas redacciones. La verdad es que a mi me importa poco esta discusión en si misma. Me pregunto en vez que llevaba a beber a nuestros jefes de redacción, a nuestros cronistas y a nuestros reporteros de asalto. Quizá la exposición constante a la humanidad, a los sueños rotos. Claro que esto podía sufrirlo cualquiera que no fuese periodista. También hay escritores alcohólicos, por ejemplo ¿Entonces?

Entonces quizá la cuestión se centra justamente en el abuso de alcohol. Nadie ensalzaría a un drogadicto “¡Ah, cuando estábamos todos puestos en las redacciones!”. Nadie quiere por tanto ensalzar otro abuso: me parece bien.

Romántica ebriedad

Eso sí, la abstinencia y la sobriedad no tiene nada de romántico, místico, heroico, sublime, sufridor o rebelde. Para que  esto quede claro basta hacer una búsqueda en internet (con cualquier buscador, los resultados no cambian). Buscad “escritores alcohólicos famosos”. Hallaréis aproximadamente 48.200 resultados (0,56 segundos), por ejemplo. Buscad ahora “escritores sobrios famosos” y comparad la cosa: quizá os devuelva una sugerencia como esta “Quizás quisiste decir: escritores serios famosos“. No hay color.

Escritores alcoholicos
Un joven Truman Capote vaso en mano

La lista de escritores y escritoras, que hasta ahora no mencioné, de la federación de amigos del alcohol es larga. La otra ignota.

Frases célebres de escritores sobrios por el hecho de ser sobrinos: 0. Frases célebres de escritores alcoholizados por el hecho de estar casi siempre borrachos: multitud.

Conclusiones  mínimas

No sé cuanto la cosa valga para los periodistas, para los escritores refugiarse en el alcohol puede ser una forma de superar el bloqueo del escritor (decía así Raymond Chandler) o como el remedio para superar las limitaciones de la cotidianidad y como liberación de nueva creatividad. Ni idea. Parece sin embargo que la dependencia del alcohol es una condición de la celebridad, la confirmación que los condenados tiene un lugar en el paraíso, que la genialidad se castiga con una tara, que el triunfo del arte se paga con una vida desdichada.

Quizá vale también para los periodistas. No sé si todo esto es cierto o es solo otro velo romántico e inútil del universo librario, pero yo no voy a otra presentación de un libro mio sin haber pimplado. Cuestión de tono.

Publicado en Literatura Sociedad

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