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Literatura y geometría

Literatura y geometría

Existe una relación antigua entre literatura y geometría que se basa en gran medida en la idea de una correlación de exactitud cierta entre lenguaje y matemática. Yo quisiera examinar esa idea en este texto. Intentaré poner de relieve los puntos de unión y los puntos problemáticos de esta relación y en cierta medida también las estrategías que fundamentan un relación formal entre ambas disciplinas y su desarrollo. Ambicioso. Veremos que obtengo.

Presencia constante

Podemos hallar un presencia constante de la referencia a la geometría en cualquiera de las partes constitutivas de la narración. La hallamos en el título, valgan algunos ejemplos: Flatland. Un Mundo Plano (Edwin Abbott Abbott); La Geometría del Trigo (Alberto Conejero); La Geometría del Faraón (Anna Cerasoli); Don Juan o el Amor  la Geometría (Frisch, Max) o La Geometría del Amor (John Cheever); por citar unos cuantos, todos ellos pertenecientes a géneros, campos y públicos muy diferentes entre si; he limitado el campo a la sola palabra genérica “geometría”, sin expandirme a formas concretas como triángulos o círculos, porque el campo, en sus caso, alcanzaría una extensión tal que sería harto fatigoso delimitarlo incluso someramente. 

Líneas y puntos o tramas y relaciones

La hallamos también en la trama, como forma del tejido narrativo, que puede seguir el contorno del círculo, del triángulo, de la línea recta, de la curva parabólica, en un sin fin de juegos de imaginas, simbolismos, analogías, representaciones y metáforas. Estas formas, y aun otras, se forman por proyección, unión de puntos que son personajes, episodios, días que se desarrollan en la obra. la imagen se obtiene siguiendo un rastro conectivo que termina por explicar la obra, darle un sentido más allá de lo inmediato, construyendo un metamensaje; esto no quiere decir que cada episodio o personaje, cada punto carezca de entidad y exista solo en función del diseño final (tal y como enseña Kandinsky, cada punto vibra por si solo y la línea, el contorno, se define como unión de puntos, de iguales que describen un conjunto final, el que sea: Punto y Linea Sobre el Plano (Vasili Kandinsky).

En este sentido es necesario que haya una idea inicial del dibujo final que se desea describir, porque la geometría de la trama está en función de una idea final que es el objeto de la obra. Un ejemplo claro de esto es Mai quai Conti (Michèle Audin), donde si bien se reflejan los problemas de una descripción geometrica de una obra literaria, se evidencian también los límites de la espontaneidad ya que para poner de relieve la íntima relación entre geometría y literatura y sus dificultades es necesario definir primero la forma geométrica final. Dicho de otro modo y para poner fin a este cúmulo de palabras: la geometría de la literatura nace con la idea de la narración o se desarrolla a lo largo de su composición, pero no es un producto final que revela una relación secreta y a la vez evidente.

La geometría, obviamente, se encuentra también el diseño de las relaciones, jugando con frecuencia a describir circuitos cerrados que conducen de una personaje a otro, de una situación a otra con el objeto de crear una subtrama, una entramado de relaciones que sostengan el dibujo final.

Dimensión

Ahora bien, todos estos intentos geométricos, como Flatland sugiere, tienen en común dos aspectos; ser planos, bidimensionales: círculos, triángulos, etc; describir una continuidad. La relación entre bidimensionalidad geométrica y literatura nace de la forma en que ambas ven la luz, la realización sobre superficies bidimensionales, como la hoja, la lámina metálica, el libro o cualquier superficie. Este nexo indiscutible entre lo real y la representación de lo real (válido lo mismo para la geometría que para la literatura) supone asimismo un nexo ideal inescindible de la relación geometría-literatura: su afán por describir el mundo y sus relaciones secretas, íntimas, perteneciendo a la comunidad de los signos. No obstante está relación más o menos obvia conoce también sus infractores en las formas del pop-up (infantil o no, destruyendo de ese modo el nexo signo-dimensión que estaba en la basa de la identidad precedente. 

Ordenación

Es sin embargo una superación limitada y momentánea, porque se regresa de inmediato al estado anterior y sobre todo permanece en un via muerta, sin desarrollo, necesitado siempre de una vuelta atrás para proseguir o de otro modo nos coloca ante una relación finita. Por otro lado, la idea de continuidad que sugiere la geometría en relación con al literatura, esa unión entre distintos que dibuja un sentido inicialmente oculto, es el resultado de una clara intención de ordenar el mundo real. Lo que vemos como un mundo incógnito y desarticulado queda, al contrario, ordenado, claro, distinto, objetivable y conocido. El intento último que ya se anunciada en el uso del signo en una superficie como representación de los real queda completamente desvelado ahora. Los fenómenos físicos y humanos descritos con los signos de cada disciplina vuelven a reunirse para dar una imagen global de lo real. Se deduce pues que la relación se basa en la capacidad de ordenar y explicar el mundo, en una idealidad común

Nuevos problemas.

Dos son, en mi opinión, los grandes problemas que pone sobre la mesa esta relación entre geometría y literatura: la discontinuidad de lo real; la irrupción digital o la ruptura de la bidimensionalidad. 

Cuestión primera

Literatura y geometría

El primer problema resulta de cuestionar la cadena causal, el nexo seguro entre acontecimientos cercanos o lejanos, en favor de una visión correlativa de la realidad, un realidad segmentada y fragmentada cuyo orden no corresponde a geometrías evidentes y por tanto no puede ser descrita (con ningún signo) como un mundo ordenado. El apriorismo de la geometría en la construcción de la literatura, que en parte pretende ser solo el reverso de una misma moneda, no puede ser sostenido. La discontinuidad de lo real puede ser descrita ahora solo con múltiples solapamientos parciales, con una intención de profundidad que cualquier geometría plana está imposibilitada para describir. Solo queda, como parcial consolación a la estabilidad y a la ordenación del mundo que la geometría ofrecía a al literatura, el juego de espejos cuya esencia es sin embargo desasosegante: no queda más que un reflejo, imperfecto, una copia desplazada del original o las capas de sucesivos reflejos que construyen una nueva imagen, más profunda. He ahí la modernidad de Alicia, la inquietud de algunos pasajes de Cortazar y Borges, por ejemplo. Ese intento de profundidad es turbador porque supone haber acabado con esa etapa bidimensional sin haber llegado aún a un etapa tridimensional.

Cuestión segunda

La segunda cuestión pone de manifiesto el límite de la bidimensionalidad ante la literatura hipervinculada, el choque con las posibilidades de expansión del hipertexto. Es cierto que el camino a seguir en este nuevo escenario no está marcado y no tiene, por fuerza, que seguir la audiovisualización de la lectura. es cierto también que ante esa carencia de rumbo cualquier posibilidad será explorada. En cualquier caso la nueva profundidad que le hipertexto hace posible, unido al límite conceptual que he examinado en el primer punto, hace que la geometría plana no pueda esgrimir más la unión con la literatura como una señal de la identidad entre signos. Este aspecto requiere, por si solo, una reflexión profunda pues como hemos visto los lazos que tal identidad había establecido se habían reforzado en el tiempo hasta principios del siglo XX y hoy demuestran sus carencias dejando un hueco abierto y evidente a la vista. Carencias que serán colmadas con nuevas reconceptiualizaciones sobre los valores del signo y de los valores universales de los distintos lenguajes formales de las distintas formas del conocimiento.

Por supuesto, como siempre, cuanto he dicho es solo mi opinión personal. 

Publicado en Escritura Literatura Sociedad

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