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Migración, identidad, Europa

Migración, identidad, Europa

Hoy no hablo de libros, aunque cite un par de ellos, sino de la idea de Europa que me (nos) rodea en o ocasión de la próxima celebración del Día de la Memoria.

Han pasado 71 años de la liberación de Auschwitz, que constituye la fecha solemne de la memoria del holocausto en los campos de exterminio, y tengo la sensación de que no obstante tanta aplicación mnemotécnica Europa no ha comprendido nada.

Perspectivas

Europa sufre de una disociación profunda, de un estado de hipocresía estructural, de una incapacidad de comprensión secular, de una egocentrismo asesino. En el pasado Europa ha arrojado a sus hijos fuera de sus propios confines en emigraciones casi forzadas: ¿quien no recuerda las palabras de Cecil Rhodes sobre la emigración británica?  (para hacerse una idea puede leerse E. J. Hobsbwman The Age of Empire: 1875–1914, Weidenfeld & Nicolson 1987).

España, Italia, Reino Unido, Francia, Alemania han repoblado toda América de norte a sur y las restantes latitudes del globo. Desde fines del s XIX al S. XX son varios millones de ciudadanos europeos los que han abandonado el viejo continente sin que tal flujo migratorio haya llegado jamás a ser visto con nuestros ojos como hordas o oleadas, mucho menos como emigración ilegal o, como se le llama ahora migración económica; pensar que precisamente eso eran nuestros emigrantes, gente en busca de un futuro económico, político, vital, que su tierra de origen, or diversos factores, no podía o quería ofrecerle. Lo que hoy es un delito ayer era una necesidad: una cuestión de óptica, de perspectiva, de identidad.

Migración, identidad, Europa
fuente: www.global-migration.info / RT

identidad

La identidad en Europa es algo enigmático, que adherie mejor al número y a la fuerza política que cualquier otra categoría: el otro es siempre una minoría depravada de poder. Europa a lo largo de su historia ha gestionado y comprendido la propia identidad  como un ejercicio de exclusión (a modo de resumen sugiero leer la primera parte del trabajo de R. Hilberg, La destrucción de los judíos europeos, Akal 2005). Casi un siglo más tarde del inicio de las persecuciones nazistas en Europa hace uso una vez más de medidas que recuerdan mucho ese periodo. Expulsiones colectivas, requisición de bienes, clasificación de seres humanos por categorías que indican su aceptabilidad: formas en las cuales Europa se vio y se ve con un club exclusivo, capaz de dar patentes de ciudadanía solo a quien sus propias clases dirigentes consideran adecuado. 

Europa ha generado con esta política tragedias dentro y fuera de sus propias fronteras. Europa tiene una fobia tal al “otro” que la alteridad es siempre fuente de temor, desprecio, rechazo y finalmente odio: Europa no digiere a quien no es europeo, mejor dicho, cierto tipo de europeo. El viejo continente no ve que ese europeo no es hoy el de hace tiempo, pero no le interesa tomar consciencia de ello porque no sabe y no puede generar una nueva identidad. Han pasado 71 años de liberación de Auschwitz, que constituye la fecha solemne de la memoria del holocausto en los campos de exterminio, y tengo la sensación de que no obstante tanta aplicación mnemotécnica Europa no ha comprendido nada ni tiene voluntad de comprender y lo peor ha de llegar otra vez.

Futuro

Europa tiene un problema cultural precedente a un problema estructural, difícil sin duda de resolver, y la incapacidad de afrontarlo se alimenta no solo de ignorancia, sino también de un flujo continuo de certezas acríticas, de autosustentadas opiniones que jamás se confrontan con otras opiniones; la arrogancia de la seguridad esconde la incapacidad e dar un nuevo cuadro conceptual, una nueva utopía en un mundo que, siempre, cambia.

Publicado en Sociedad

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