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Los hijos de los otros

Nuestros hijos, los de los otros

Decía Primo Levi que el proceso de deshumanización, de reificación de los seres humanos en los campos de extermino empezaba con la numeración y terminaba con la aplicación de un lenguaje que los convertía en cosas o animales. Es obvio que el proceso valía para los hijos de los otros.

Nuestro franquismo fue menos sofisticado en la aplicación de la reificación de los hijos de los otros, los derrotados republicanos. Era un proceso en que el hijo del otro era sustraído a los padres y, como si fuese una cosa, efectivamente ese era el modo en que era tratado, se reubicaba en una realidad distinta: no siempre fue una adopción, también hubo tremendos orfanatorios. En cualquier modo la realidad no cambiaba: el hijo de otro era una propiedad trasferible. Un método que hizo escuela, especialmente en Argentina.

los hijos de los toros
fuente Gratisography

Con el paso del tiempo cambiaron las prácticas pero no la consideración y el otro pasó a ser cualquiera, vencido o vencedor, que se hallase en una situación de indefensión. Una institucionalización del pensamiento más allá de lo temporal que acabó en robo. El robo de los hijos de los otros. Cualquiera otro.

El otro ha conocido una nueva extensión: el inmigrante

Lo que está proponiendo ahora el Partido Popular (PP) da un paso más allá: dar a un hijo en adopción sea una causa para evitar la expulsión inmediata de una mujer inmigrante en situación irregular. Una propuesta que rompe la legalidad vigente en varios puntos, pero que es a la vez muy clarificadora de una herencia política.

Es la lógica consecuencia de dos ejes que se cortan. Por un lado la reificación del hijo del otro, que hoy es el inmigrante sin papeles. Por otro, la lógica económica de una reificación de lo humano, que convierte a las personas en mercancías. Una reificación doble: del hijo como pieza, cosa, de intercambio futuro (¿podría incluirse en el arsenal psicológico esta aberrante persuasión la promesa de un futuro mejor?); de la madre como vector temporal (luego, ¿qué posición tomar sobre el útero en alquiler?) y en cambio de una garantía temporal, que significa no solo desposesión, enajenación, disturbo mental y emocional, significa también explotación. De una cosa, claro.

Lenguaje

Primo Levi advertía sobre la potencia del lenguaje en los procesos de reificación del ser humano. Es necesario recordar que ese es un proceso vigente y en marcha en la prensa hoy: “mujer irregular”. En la prensa, en la política, en la cultura. En definitiva, en la calle todos los días. Convertiremos pues con la varita del lenguaje al hijo de una mujer irregular en un ciudadano regular.

Hemos devastado el planeta considerándolo algo de nuestra propiedad, algo que podemos consumir a nuestro antojo. Devastamos el lenguaje y las mentes. Ahora nos preparamos para, siguiendo esa linea, para devastar el resto de la humanidad, empezando por los hijos de los otros; quizá es una vuelta atrás, quizá nunca fuimos adelante. 

Conclusiones mínimas

No hay en ello ninguna ética, ninguna humanidad. Desde luego ninguna legalidad. Las puertas N fraudes posibles están ahí a la vista desde ya. No es lo importante sin embargo. Lo importante es la perspectiva en que situar ese fraude: hacer de las personas, del futuro de las personas, un negocio (ilegal) convirtiéndolas definitivamente en bienes de consumo. Es la privación de la humanidad.

Esclavos, trata de mujeres, tráfico de seres humanos para transplantes, redes de cualquier tipo de explotación del hombre por el hombre (a cual más aterradora de la precedente). Todo ilegal. ¿Y por qué no pensar en la formación de auténticas granjas de embajadas con el fin de remediar con ciudadanos regulares nuestra natalidad? Todo implantado en una línea de pensamiento que hace del otro y del hijo del otro un bien de consumo, una cosa.

Publicado en Sociedad

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